
Ryszard Kapuscinsky
Kapuscinsky Básico
Te copiabamos tanto...
Hace un año desaparecía nuestro entrañable colega Ryszard Kapuscinski, a los 74 años. Digo "nuestro", porque el era, en parte, de todos. El encarnaba el periodismo en toda su pureza. Muchos queríamos parecernos a este heroe casi mítico, que alentó a seguir periodismo a más de un jóven.
"No es una carrera, es una misión de por vida". Eso les enseñaba como bienvenida a los jóvenes que querían seguir Periodismo. Era eso y mucho más. Compromiso total con la verdad y con los más desposeídos. Narrar, "desde adentro", vivendo, los horrores y los pesares de los países subdesarrollados. Por eso pasó gran parte de su vida, a sus anchas, en pocilgas "de cuarta", de países perdídos que tan rápido como nacían, morían, la gran mayoría de ellos africanos. Como maestro no toleraba la ignorancia, la que consideraba el principal enemigo del periodismo. Pero siempre sin un ápice de jactancia. A fin de cuentas él era muy humilde. Kapuscinsky trató de encontrar la escencia del "Contiente Negro" tan ajeno y lejano (sobre todo para un "blanco polaco") en miles de reportajes y algunos libros, el mejor de los cuáles, "Ebano", es o debería ser, de lectura obligatoria para cualquiera que desee ser periodista. Ninguno se sorprendió tanto como él, cuando ya a sus 4o´y pico de años, se convirtió en un "boom" editorial, con sus libros traducidos a más de 30 idiomas. Luego llegarían los miles de premios que él jamás anheló, pero que el mundo entero le tributó.
Kapuscinski nació en Pinsk, ahora en Belarus. En 1945 fue llevado a Polonia por su madre, buscando a su padre, que estaba desaparecido como soldado. La guerra sería una constante en su
vida y caló hondo en su jóven psique, esos años de "dolorosa hambre, frío, muertes súbitas a mi alrededor, ruido y terror; sin zapatillas, sin hogar, sin libros en la escuela. Decadas más tarde él escrbiría: "El que ha atravesado una guerra sabe que difícil es transmitir esas sensaciones a aquellos que, por suerte, no conocen ni están familiarizados con estos escenarios. Sabemos que el lenguaje a veces nos falla, y cuán a menudo sentimos que no es de ninguna ayuda, como la expeiencia es, finalmente, incomunicable".
Después de haber estudiado Historia en la Universidad de Varsovia, encontró su "metier" a los 23 años, como un periodista "a prueba" en un diario juvenil. Una historia que exponía manejos turbios y borracheras de algunos dirigentes lo puso en el ojo público y desató una
tormenta política en la Polonia comunista. Sin ánimo de sorprender contaba que un día de 1958 lo llamaron de la Agencia Polaca de Noticias (PAP), simplemente porque en la guerra habían muerto la mayoría de los periodistas y buscaban a alguien que pusiera bien puntos y comas. Tenía 25 años. Y según sus confesiones, nunca había leído para entonces un libro de peso, salvo la literatura juvenil polaca que había caído de cuando en cuando en sus manos. Era un poeta iletrado, se reía. De allí en más, prefirieron darle coberturas periodísticas en el exterior. Como enviado especial viajó a India, Pakistan y Afghanistan, siendo el primer periodista poláco en tener esa oportunidad (sobre todo porque en la pos-guerra no tenían dinero). Después renunciaría y trabajaría para la Agencia de Noticias Polaca (PAP), para la que escribiría hasta 1981.
En 1957 lo enviaron por primera vez a África, y volvió a ese continente que lo "subyugaba" tanto como pudo en 40 años. Hizo coberturas en todo el continente, incluídas 27 revoluciones y golpes de estado: La forma magistral en que los cubría hacía que el lector se sintiera como parte de la historia que estaba ocurriendo. El y sus muchachos no tenían dinero, y frecuentemente debía acudir a su papel de traficante de contactos, para otros reporteros, que sí tenían dinero, a los que ayudaba incluso a construir sus planes de notas y contratar avionetas para llegar a la escena del último drama. "Africa fue mi juventud", diría después, describiendo así cuánto significaba ese continente para el.
Desde sus primeros años como periodista, Kapuscinsky desarrolló una técnica de llevar dos cuadernos de anotaciones. Uno era el que le permitía ganar su modesta paga como periodista de agencia. El otro estaba lleno de experiencias, que él modestamente, creía incomunicables, las mismas que se convertirían en éxitos como El Emperador (1978), contando los últimos días de esa extraordinaria figura, que fue Haile Selassie, Emperador de Etiopía, "El León de África". Fue su primer éxito literario y el que lo llevó a salir de las fronteras polacas como un "autor de culto" al comienzo, y un consagrado después. No son pocos los lectores jóvenes que llegaron a este relato buscando información sobre la deidad rasta, tras las huellas de Bob Marley. Es que Haile Selassie es considerado por la filosofía rastafari como una divinidad, un sucesor del Rey Salomón. Kapuscinski llegó a Addis Abeba, la capital de Etiopía, para cubrir la caía del hombre que había gobernado durante 50 años, derrocado ahora por un Consejo Revolucionario. Kapuscinski concibió el libro sobre Selassie como el relato coral construido por todos los que lo rodeaban, desde el porta-almohadones hasta el hombre de la tercera puerta. Son diversas voces
que narran lo increíble. “Mi habilidad consistía en saber abrirla justo en el momento adecuado. Porque si la abriese demasiado pronto, eso podría causar la imperdonable impresión de que invitaba al Emperador a abandonar la sala. Si, por el contrario, la abriera demasiado tarde, habría obligado al Más Extraordinario Señor a espaciar sus pasos o incluso a detenerse, lo cual hubiera supuesto un menoscabo a su imperial dignidad, la cual exigía que el movimiento de la Primerísima Persona se realizara sin el menor peligro de colisión y sin que se interpusiese el menor obstáculo.”
Después escrbiría otra genialidad del periodismo narrativo: Otro Día en la Vida (1976), una visión única y con el foco en primer plano del colapso del colonialismo portgués en Angola. El lo describiría como "un libro muy personal, se trata sobre todo de estar solo y perdido". Fue el único periodista extranjero presente en el caótico y siniestro verano de 1975. Mientras los portugueses se iban y dejaban sus vidas para proteger cajas en el puerto, soldados del apartheid de Sudáfrica y Zaire avanzaban sobre Angola, al mismo tiempo que Cuba, desembarcaba tropas de su ejército en ayuda del gobierno de Angola, encerrado en la capital. Mientras tanto, encubiertos, hombres de la CIA y de la Inteligencia portguesa (PIDE). esparcían rumores de un inminente triunfo sudáfricano, pero Kapusinsky era una "mosca en la sopa" para rebatir esas afirmaciones y contar el avance cubano y de las guerrillas comunistas, contra los "escuadrones de la muerte" blancos. Entre las historias increíbles, el calor sofocante y la histeria colectiva, la única conexión a un mundo más coherente, era el telex matutino que mantenía con
Varsovia. Esto fue seguramente lo que lo mantuvo cuerdo. Mientras completaba una historia sobre las locas y patéticas escenas en las calles, Kapuscinsky preguntaba sobre el clima en casa, y se quejaba constantemente de la comida. Nunca en su vida pudo sacarse "esa" Angola de su mente, y cuando se reunió con mi padre (Londres, 1986) y otros periodistas, lo único que quería, era hablar sobre otro libro de ese período, una especie de homenaje al soldado portugués Antonio Lobo Antunes, y un libro "Al Sur de la Nada", que el creía sería el único que valdría la pena en su carrera.
Kapuscinski nació en Pinsk, ahora en Belarus. En 1945 fue llevado a Polonia por su madre, buscando a su padre, que estaba desaparecido como soldado. La guerra sería una constante en su
vida y caló hondo en su jóven psique, esos años de "dolorosa hambre, frío, muertes súbitas a mi alrededor, ruido y terror; sin zapatillas, sin hogar, sin libros en la escuela. Decadas más tarde él escrbiría: "El que ha atravesado una guerra sabe que difícil es transmitir esas sensaciones a aquellos que, por suerte, no conocen ni están familiarizados con estos escenarios. Sabemos que el lenguaje a veces nos falla, y cuán a menudo sentimos que no es de ninguna ayuda, como la expeiencia es, finalmente, incomunicable".Después de haber estudiado Historia en la Universidad de Varsovia, encontró su "metier" a los 23 años, como un periodista "a prueba" en un diario juvenil. Una historia que exponía manejos turbios y borracheras de algunos dirigentes lo puso en el ojo público y desató una
tormenta política en la Polonia comunista. Sin ánimo de sorprender contaba que un día de 1958 lo llamaron de la Agencia Polaca de Noticias (PAP), simplemente porque en la guerra habían muerto la mayoría de los periodistas y buscaban a alguien que pusiera bien puntos y comas. Tenía 25 años. Y según sus confesiones, nunca había leído para entonces un libro de peso, salvo la literatura juvenil polaca que había caído de cuando en cuando en sus manos. Era un poeta iletrado, se reía. De allí en más, prefirieron darle coberturas periodísticas en el exterior. Como enviado especial viajó a India, Pakistan y Afghanistan, siendo el primer periodista poláco en tener esa oportunidad (sobre todo porque en la pos-guerra no tenían dinero). Después renunciaría y trabajaría para la Agencia de Noticias Polaca (PAP), para la que escribiría hasta 1981.En 1957 lo enviaron por primera vez a África, y volvió a ese continente que lo "subyugaba" tanto como pudo en 40 años. Hizo coberturas en todo el continente, incluídas 27 revoluciones y golpes de estado: La forma magistral en que los cubría hacía que el lector se sintiera como parte de la historia que estaba ocurriendo. El y sus muchachos no tenían dinero, y frecuentemente debía acudir a su papel de traficante de contactos, para otros reporteros, que sí tenían dinero, a los que ayudaba incluso a construir sus planes de notas y contratar avionetas para llegar a la escena del último drama. "Africa fue mi juventud", diría después, describiendo así cuánto significaba ese continente para el.
Desde sus primeros años como periodista, Kapuscinsky desarrolló una técnica de llevar dos cuadernos de anotaciones. Uno era el que le permitía ganar su modesta paga como periodista de agencia. El otro estaba lleno de experiencias, que él modestamente, creía incomunicables, las mismas que se convertirían en éxitos como El Emperador (1978), contando los últimos días de esa extraordinaria figura, que fue Haile Selassie, Emperador de Etiopía, "El León de África". Fue su primer éxito literario y el que lo llevó a salir de las fronteras polacas como un "autor de culto" al comienzo, y un consagrado después. No son pocos los lectores jóvenes que llegaron a este relato buscando información sobre la deidad rasta, tras las huellas de Bob Marley. Es que Haile Selassie es considerado por la filosofía rastafari como una divinidad, un sucesor del Rey Salomón. Kapuscinski llegó a Addis Abeba, la capital de Etiopía, para cubrir la caía del hombre que había gobernado durante 50 años, derrocado ahora por un Consejo Revolucionario. Kapuscinski concibió el libro sobre Selassie como el relato coral construido por todos los que lo rodeaban, desde el porta-almohadones hasta el hombre de la tercera puerta. Son diversas voces
que narran lo increíble. “Mi habilidad consistía en saber abrirla justo en el momento adecuado. Porque si la abriese demasiado pronto, eso podría causar la imperdonable impresión de que invitaba al Emperador a abandonar la sala. Si, por el contrario, la abriera demasiado tarde, habría obligado al Más Extraordinario Señor a espaciar sus pasos o incluso a detenerse, lo cual hubiera supuesto un menoscabo a su imperial dignidad, la cual exigía que el movimiento de la Primerísima Persona se realizara sin el menor peligro de colisión y sin que se interpusiese el menor obstáculo.”Después escrbiría otra genialidad del periodismo narrativo: Otro Día en la Vida (1976), una visión única y con el foco en primer plano del colapso del colonialismo portgués en Angola. El lo describiría como "un libro muy personal, se trata sobre todo de estar solo y perdido". Fue el único periodista extranjero presente en el caótico y siniestro verano de 1975. Mientras los portugueses se iban y dejaban sus vidas para proteger cajas en el puerto, soldados del apartheid de Sudáfrica y Zaire avanzaban sobre Angola, al mismo tiempo que Cuba, desembarcaba tropas de su ejército en ayuda del gobierno de Angola, encerrado en la capital. Mientras tanto, encubiertos, hombres de la CIA y de la Inteligencia portguesa (PIDE). esparcían rumores de un inminente triunfo sudáfricano, pero Kapusinsky era una "mosca en la sopa" para rebatir esas afirmaciones y contar el avance cubano y de las guerrillas comunistas, contra los "escuadrones de la muerte" blancos. Entre las historias increíbles, el calor sofocante y la histeria colectiva, la única conexión a un mundo más coherente, era el telex matutino que mantenía con
Varsovia. Esto fue seguramente lo que lo mantuvo cuerdo. Mientras completaba una historia sobre las locas y patéticas escenas en las calles, Kapuscinsky preguntaba sobre el clima en casa, y se quejaba constantemente de la comida. Nunca en su vida pudo sacarse "esa" Angola de su mente, y cuando se reunió con mi padre (Londres, 1986) y otros periodistas, lo único que quería, era hablar sobre otro libro de ese período, una especie de homenaje al soldado portugués Antonio Lobo Antunes, y un libro "Al Sur de la Nada", que el creía sería el único que valdría la pena en su carrera.Toda su escritura sobre países subdesarrollados viene de experiencias vividas allí. De él se pude decir que amaba el Tercer Mundo, que con todas sus inequidades y terribles fallas, no era tan falso como la mayoría de los grandes países capitalistas. Siempre trato a nuestros países subdesarrllados con respeto, como si estuviera en su Varsovia natal, pasando hambre y frío, en medio de las balas. Su compatriota, el también mítico director de cine, Andrzej Wajda, lo convirtió en su modelo de periodista en la película "Rough Treatment" (1978).
Kapuscinski hablaba de un “lazo emocional” con estos países, en los que solía enfermar de malaria tantas veces como un porteño se contagia de gripe. O donde su pasaporte polaco, en épocas de la Cortina de Hierro, lo condenaba al cruzar las fronteras, desde llevarlo a la cárcel hasta la horca. Si su mito cuenta con ingredientes, son las escenas en que en sus libros se detienen, con un tono de elegante humildad, a relatar la zozobra de sus pesares. La fiebre, el frío extremo, el miedo, el dolor físico propio, jugaban en sus textos como la contrapartida necesaria no sólo con el lector que busca el verosímil de esas escenas dantescas,
sino con sus personajes, hombres y mujeres sufridos que parecen encontrar en Ryszard un amigo sin dobleces dispuesto a escucharlos con la mirada clara de un monje lleno de piedad.
sino con sus personajes, hombres y mujeres sufridos que parecen encontrar en Ryszard un amigo sin dobleces dispuesto a escucharlos con la mirada clara de un monje lleno de piedad.Kapuscinksi describía su trabajo como "reportaje literario", muy cercano a los que creemos y abogamos por el periodismo narrativo. Su personalidad era la de un hombre modesto que entendía la importancia de entender al mundo. Lo cortés no quita lo valiente (esto, aquí en Argentina jamás se entenderá), era un crítico despiadado del periodismo y, entre libro y libro, estaba en la primera línea de cualquier frente, donde la integridad humana peleara una batalla. "sin tratar de entender otros modos de ver la realidad, perciviendo, describiendo, no entenderemos nunca nada del mundo". ¡Que bien que nos vendría un Kapuscinsky cubriendo el fanatismo católico de Bush en "la guerra contra el terrorismo", las vivencias de los que sobreviven en Irak y una mirada crítica sobre quiénes son los verdaderos terroristas!. El creía que la mente europea, no ya digamos la estadounidense, era "demasiado perezosa para hacer el esfuerzo intelectual de entender el mundo real, dominado por complejos problemas de pobreza, y muy, muy lejos del estereotipo que creaban los multimedios televisivos" . El entendió al Tercer Mundo, no fue un "Manu Chao", con tarjeta "Golden". No, el "vivió" la desolación del Tercer Mundo.
La hipocresía y quietud europea lo aburrían y fastidiaban, y sus últimos años de su vida, sabiéndose enfermo, los dedicó a América Latina. El formó parte del Nuevo Periodismo Iberoamericano y de los talleres que organizaba su amigo Gabriel García Márquez en México.
Habló siempre de la importancia del reportaje, y atacó duramente hasta el final, a los multimedia que tomaban la noticia como un producto. También lanzaba sus dardos mordacez contra los corresponsale especiales "de avión", que hacían reportes del drama reciente, sin contar todo el contexto que lo había hecho posible, y sin compromiso, dejando el tema inmediatamente, como si los eventos surgieran de la nada y se extinguieran rápidamente.
Kapusinsky odió profundamente lo que el llamo la "metamorfósis de los multimedia". El valor de las noticias, cuando él comenzó, solía decir siempre, no tenía nada que ver con ganancias, sino que era buscar las raíces de la lucha política y la búsqueda de la verdad.
No habrá otro igual. No lo "dejarán haber".
Kapuscinsky Básico
Colaboró en Time, The New York Times, La Jornada y Frankfurter Allgemeine Zeitung. Compaginó desde 1962 sus colaboraciones periodísticas con la actividad literaria y ejerció como profesor en varias universidades.
Fue maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, creada y presidida por Gabriel García Márquez. Fue corresponsal en el extranjero hasta el año 1981. Falleció el 27 de enero de 2007.
Entre 1954 y 1981 fue miembro del Partido Unido de los Trabajadores Polacos (denominación que tenía en Polonia el Partido Comunista). En 1964, tras perfeccionar sus habilidades para reportar asuntos domésticos, fue designado por la Agencia de Prensa Polaca (PAP, por sus siglas en polaco) como su único corresponsal en el extranjero. Viajó por los países en vías de desarrollo y reportó guerras, golpes de Estado y revoluciones en Asia, Europa y las Américas; incluyendo la Guerra del Fútbol. En el mundo anglosajón Kapuściński es mejor conocido por sus reportajes en África en las décadas de 1960 y 1970, cuando presenció de primera mano el fin de los imperios coloniales europeos en aquel continente.
Recibió el PremioPríncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, 2003 por «su preocupación por los sectores más desfavorecidos y por su independencia frente a presiones de todo signo, que han tratado de tergiversar su mensaje»; el Doctor Honoris Causa por la Universidad de Cracovia, la Universidad de Gdansk, Universidad de Silesia en Katowice, Universidad de Wroclaw, Universidad de Barcelona y la Universidad Ramon Llull.
Ganó el Premio Letterario Elsa Morante (2005)
Fue maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, creada y presidida por Gabriel García Márquez. Fue corresponsal en el extranjero hasta el año 1981. Falleció el 27 de enero de 2007.
Entre 1954 y 1981 fue miembro del Partido Unido de los Trabajadores Polacos (denominación que tenía en Polonia el Partido Comunista). En 1964, tras perfeccionar sus habilidades para reportar asuntos domésticos, fue designado por la Agencia de Prensa Polaca (PAP, por sus siglas en polaco) como su único corresponsal en el extranjero. Viajó por los países en vías de desarrollo y reportó guerras, golpes de Estado y revoluciones en Asia, Europa y las Américas; incluyendo la Guerra del Fútbol. En el mundo anglosajón Kapuściński es mejor conocido por sus reportajes en África en las décadas de 1960 y 1970, cuando presenció de primera mano el fin de los imperios coloniales europeos en aquel continente.
Recibió el PremioPríncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, 2003 por «su preocupación por los sectores más desfavorecidos y por su independencia frente a presiones de todo signo, que han tratado de tergiversar su mensaje»; el Doctor Honoris Causa por la Universidad de Cracovia, la Universidad de Gdansk, Universidad de Silesia en Katowice, Universidad de Wroclaw, Universidad de Barcelona y la Universidad Ramon Llull.
Ganó el Premio Letterario Elsa Morante (2005)
Obra literaria
El Emperador, sobre el emperador de Etiopía Haile Selassie.
El Sha, tema de la época del Sha Mohamed Reza Pahlevi de Irán.
El Imperio, acerca del derrumbe de la Unión Soviética.
Ébano, considerado por muchos su mejor libro, contiene reportajes ubicados en varios países de África.
Lapidarium IV, fragmentos de reportajes y pensamientos.
La guerra del fútbol, en que habla sobre diversos conflictos africanos y latinoamericanos. El reportaje que da título al libro narra la guerra que llevaron a cabo Honduras y El Salvador, cuyo detonante fue un partido de fútbol entre las selecciones de ambos países valedero para el mundial de México en 1970.
Los cínicos no sirven para este oficio, basado en entrevistas y conversaciones moderadas por Maria Nadotti.
Un día más con vida, donde narra la descolonización portuguesa de Angola en 1975 y sus consecuencias: una guerra civil que asoló la región hasta hace muy poco.
Los cinco sentidos del periodista, que recoge principios básicos de periodismo, con base en los talleres que impartió en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano.
El mundo de hoy, en el que el autor reflexiona sobre los últimos acontecimientos ocurridos en el mundo tales como el 11-S o el 11-M, así como una especie de autobiografía acerca de lo mucho que ha vivido y sus reflexiones para comprender el mundo en el que vivimos.
Viajes con Heródoto, publicado en 2006. Obsesionado por cruzar la frontera, la redacción del diario en el que trabaja, le envía a la India con el único bagaje de lo que es y un libro, la Historia de Heródoto, el primer historiador griego. Es un libro de difícil clasificación, en el que homenajea a un Heródoto protorreportero, descubridor de algo tan fundamental como que los mundos son muchos. Poco tiempo después, abandonaría éste, seguramente hacia otro, donde lo necesiten tanto como acá.
El Sha, tema de la época del Sha Mohamed Reza Pahlevi de Irán.
El Imperio, acerca del derrumbe de la Unión Soviética.
Ébano, considerado por muchos su mejor libro, contiene reportajes ubicados en varios países de África.
Lapidarium IV, fragmentos de reportajes y pensamientos.
La guerra del fútbol, en que habla sobre diversos conflictos africanos y latinoamericanos. El reportaje que da título al libro narra la guerra que llevaron a cabo Honduras y El Salvador, cuyo detonante fue un partido de fútbol entre las selecciones de ambos países valedero para el mundial de México en 1970.
Los cínicos no sirven para este oficio, basado en entrevistas y conversaciones moderadas por Maria Nadotti.
Un día más con vida, donde narra la descolonización portuguesa de Angola en 1975 y sus consecuencias: una guerra civil que asoló la región hasta hace muy poco.
Los cinco sentidos del periodista, que recoge principios básicos de periodismo, con base en los talleres que impartió en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano.
El mundo de hoy, en el que el autor reflexiona sobre los últimos acontecimientos ocurridos en el mundo tales como el 11-S o el 11-M, así como una especie de autobiografía acerca de lo mucho que ha vivido y sus reflexiones para comprender el mundo en el que vivimos.
Viajes con Heródoto, publicado en 2006. Obsesionado por cruzar la frontera, la redacción del diario en el que trabaja, le envía a la India con el único bagaje de lo que es y un libro, la Historia de Heródoto, el primer historiador griego. Es un libro de difícil clasificación, en el que homenajea a un Heródoto protorreportero, descubridor de algo tan fundamental como que los mundos son muchos. Poco tiempo después, abandonaría éste, seguramente hacia otro, donde lo necesiten tanto como acá.
Ultimas noticias de un muerto
¿Hasta donde llegará la locura polaca? Los pequeños Kaczynski que gobiernan Polonia con la "mano dura" que muchos envidian en Argentina y su fiel escudero Roman Giertych (vicepresidente y ministro de Educación) mantienen su escalada ultraconservadora, llegando hasta límites insospechados y peligrosos. Esta nueva Stasi, esta versión ultra católica de la KGB, ha llegado a cuestionar y perseguir la figura de Ryszard Kapuscinski, uno de los polacos más universales, incluyéndolo en una lista vergonzante que se engrosa cada vez más de "falsas figuras de prestigio", promovida por el Gobierno, al amparo de la Ley de Lustración, y que según estos inquisidores del siglo XXI, está formada por aquellos que presuntamente colaboraron con el régimen comunista que cayó hace veinte años y merecen ser olvidados de la "memoria nacional".
Aún muerto seguís siendo cuestionador Kapuscinsky...
3 comentarios:
Gloria eterna a Kapu !!! El es y será EL PERIODISMO, asi y con mayuscula. Muy buena página. ¿Aceptariais corresponsales en España de NPA?. Aca todo es "muy chato" e hipocrita, como decía Kapu.
Un abrazo a los colegas de NPA,
Ignacio
(Bilbo)
Una pregunta. ¿Tienen relación con Nuevo Periodismo Iberoamericano de Garcia Marquez?. En ese caso: ¿quiénes son los periodistas que dan clases? Les agradeceré la respuesta.
Martín Bedorain
El más grande periodista que haya escrito sobre el tercer mundo. Sus libros son sencillamente apasionantes. Veo que tenés buen ojo para tus ídolos. Un justo reconocimiento a uno de los mejores de los nuestros.
Fernando Naya
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