
EL MODELO “MORDAZA” DEL GRUPO ESPAÑOL PRISA EN LATINOAMÉRICA
La periodista mexicana Carmen Aristegui echada a pedido del presidente
Por Javier Amorín (como representante de la Red Mundial de Periodistas contra la Corrupción y el Crímen, y de la Comisión Libertad de Prensa de Amnistía Internacional)
El viernes pasado la reconocida periodista Carmen Aristegui anunció que dejaba la titularidad del noticiero “Hoy por Hoy” que se transmitía por la XEW, por una presunta “incompatibilidad editorial”, circunstancia que ha sido asumida por todos como una violación a su libertad de expresión. Dicho sea en otras palabras, pareciera que a la empresa no le gustaba el tono de la señora Aristegui al abordar ciertos temas, particularmente aquellos relacionados con el señor Felipe Calderón, quién llegó a la presidencia en elecciones fraudulentas. Todo esto entendible porque la estación hizo un vuelco a la derecha y contrató al cuñado y jefe de campaña presidencial de Calderón como director de la radio.
La periodista mexicana Carmen Aristegui echada a pedido del presidente
Por Javier Amorín (como representante de la Red Mundial de Periodistas contra la Corrupción y el Crímen, y de la Comisión Libertad de Prensa de Amnistía Internacional)
El viernes pasado la reconocida periodista Carmen Aristegui anunció que dejaba la titularidad del noticiero “Hoy por Hoy” que se transmitía por la XEW, por una presunta “incompatibilidad editorial”, circunstancia que ha sido asumida por todos como una violación a su libertad de expresión. Dicho sea en otras palabras, pareciera que a la empresa no le gustaba el tono de la señora Aristegui al abordar ciertos temas, particularmente aquellos relacionados con el señor Felipe Calderón, quién llegó a la presidencia en elecciones fraudulentas. Todo esto entendible porque la estación hizo un vuelco a la derecha y contrató al cuñado y jefe de campaña presidencial de Calderón como director de la radio.
“Hasta aquí llegamos”, fueron las palabras de cierre de Carmen Aristegui en su programa “Hoy por Hoy” del viernes. Y la verdad es que llegó muy lejos, teniendo un programa de denuncia constante sobre la corrupción, la pederastía en la Iglesia, las elecciones fraudulentas que llevaron a la presidencia al derechista Felipe Calderón. Muy lejos teniendo en cuenta el medio, W Radio, propiedad de la ultra conservadora Televisa. Quizás fue el Grupo Prisa, el multimedia español dueño de El País y del 49% de W Radio, el que permitió que durante cuatro años, un programa tan corrosivo para el poder siguiera con vida. 
Pero los que le dieron la mano, fueron los mismos que se la soltaron. La contratación de Juan Ignacio Zavala, cuñado de Felipe Calderón y vocero de su campaña presidencial, como director de la radio era una condena de muerte anunciada. Y así sucedió… "por no ser compatible con el modelo editorial de la empresa".
Lo más repudiable es que este hecho ha pasado inadvertido alrededor del mundo. Sólo en El País (España-Grupo Prisa) apareció una nota sesgada sobre el tema y en Le Monde y Taz comentarios que destacan la incomodidad que representa Aristegui para el sistema (político y empresarial) al prestar sus micrófonos a diversas voces en asuntos como la pederastia de gobernadores, empresarios y sacerdotes; y el dudoso proceso electoral de 2006. En resumen, Carmen Aristegui es una “rara avis” que contribuiyó a “abrir los ojos” a los mexicanos y enfocar claramente los vínculos, siempre turbios y difusos, entre partidos políticos tradicionales (PAN y PRI), iglesia católica y empresarios. También ha puesto en jaque a personajes públicos del resto de los partidos con entrevistas agudas e inteligentes. Si había una actitud de verdadero periodismo en México, era la de Carmen.
Estos días hay campañas y manifestaciones de lo más variopinto en México, ya que Aristegui era reconocida por la gente como una “bocanada de aire fresco”, en un sistema político que no tiene en cuenta los deseos de los mexicanos, por lo menos desde la Revolución. He ahí la gravedad del caso: al igual que con el despido de Lydia Cacho (otra reconocida profesional también despedida por Televisa), no se trata de meras acciones del poder para amordazar a una persona, sino de muestras claras del tinte de un régimen autoritario, corrupto y represor. Y quien piense que una empresa privada tiene el derecho intocable de marcar su línea editorial y despedir con un portazo a la disidencia, tampoco habrá entendido el fondo del asunto: el derecho de la ciudadanía a saber lo que pasa en su país, a conocer el proceso de toma de decisiones que afectan su vida cotidiana está primero.
No es la primera vez que ocurre un hecho de este tipo. México tiene una de las tazas de asesinatos de periodistas más altas del mundo y está denunciado por innumerables organismos de Derechos Humanos y de defensa del periodismo. Sin llegar al extremo de la desaparición física, todos los días hay periodistas que son despedidos de los medios de comunicación donde prestan sus servicios sin que medie una explicación lógica o al menos una razón legal válida, simplemente es la voluntad de los patrones, de los directores o de los productores. En la mayor parte de los casos no existe un contrato que les permita defender sus derechos. Es preciso señalar que la locución es una de las profesiones más despreciadas, aunque la más importante de cualquier programación radiofónica o televisiva, y en consecuencia al no existir un tabulador la inmensa mayoría de los personajes que usted escucha en el cuadrante ganan una cantidad ridícula en comparación con la responsabilidad que les corresponde asumir.
Mientras salen del aire programas como el de Aristegui, proliferan en igual proporción los programas religiosos y de charlatanes que enganchan a los escuchas para que se afilien a sectas, o para vender velas de la buena suerte.
La “increíble” versión de Televisa
Pero regresando al tema de la señora Aristegui, la extraña versión de Televisa Radio, es que tras un año de conversaciones no hubo posibilidad de un acuerdo entre ambas partes para incorporar a la periodista a su “modelo de trabajo” basado en el “derecho a la información plural”. Luego, la propia empresa se contradice cuando señala que el modelo de organización y trabajo que implementa en W radio es el mismo que funciona en 10 países de habla hispana donde profesionales de la categoría de Darío Arizmendi y Julio Sánchez Cristo en Colombia, Iñaki Gabilondo y Carles Francino en España, el uruguayo Víctor Hugo Morales en Argentina y Max Aub en Estados Unidos, trabajan con absoluta libertad.
Primero dicen que no hubo acuerdo con trabajar con base al “derecho a la información plural”, y después ejemplifica con otros que trabajan en completa libertad. En fin, un triste eufemismo para decir que lo que en realidad pasó, es que la señora no aceptó sujetarse a la línea editorial del medio.Por lo pronto la Comisión Especial de Seguimiento a las Agresiones a Periodistas y Medios de Comunicación de la Cámara de Diputados, invitó a la señora Aristegui a acudir a esa instancia con el fin de analizar su caso y discernir si se atentó contra sus derechos y libertades en su salida de W Radio. Creo que muy poco podrán hacer los señores representantes populares porque no tienen facultades legales para revertir la decisión o para obligar a la empresa a modificar su actitud, pero es importante que la señora Aristegui de su versión porque con ello se le dará mayor importancia e este tipo de circunstancias que enfrentan todos los que de una u otra manera vierten opiniones en la radio. De proliferar este tipo de actitudes de parte de los empresarios, muchos de los que escribimos y hacemos radio estaremos en riesgo de padecer lo mismo. Lo único que nos queda esperar es que este caso no sea el inicio de una “cacería de brujas”.

Pero los que le dieron la mano, fueron los mismos que se la soltaron. La contratación de Juan Ignacio Zavala, cuñado de Felipe Calderón y vocero de su campaña presidencial, como director de la radio era una condena de muerte anunciada. Y así sucedió… "por no ser compatible con el modelo editorial de la empresa".
Lo más repudiable es que este hecho ha pasado inadvertido alrededor del mundo. Sólo en El País (España-Grupo Prisa) apareció una nota sesgada sobre el tema y en Le Monde y Taz comentarios que destacan la incomodidad que representa Aristegui para el sistema (político y empresarial) al prestar sus micrófonos a diversas voces en asuntos como la pederastia de gobernadores, empresarios y sacerdotes; y el dudoso proceso electoral de 2006. En resumen, Carmen Aristegui es una “rara avis” que contribuiyó a “abrir los ojos” a los mexicanos y enfocar claramente los vínculos, siempre turbios y difusos, entre partidos políticos tradicionales (PAN y PRI), iglesia católica y empresarios. También ha puesto en jaque a personajes públicos del resto de los partidos con entrevistas agudas e inteligentes. Si había una actitud de verdadero periodismo en México, era la de Carmen.
Estos días hay campañas y manifestaciones de lo más variopinto en México, ya que Aristegui era reconocida por la gente como una “bocanada de aire fresco”, en un sistema político que no tiene en cuenta los deseos de los mexicanos, por lo menos desde la Revolución. He ahí la gravedad del caso: al igual que con el despido de Lydia Cacho (otra reconocida profesional también despedida por Televisa), no se trata de meras acciones del poder para amordazar a una persona, sino de muestras claras del tinte de un régimen autoritario, corrupto y represor. Y quien piense que una empresa privada tiene el derecho intocable de marcar su línea editorial y despedir con un portazo a la disidencia, tampoco habrá entendido el fondo del asunto: el derecho de la ciudadanía a saber lo que pasa en su país, a conocer el proceso de toma de decisiones que afectan su vida cotidiana está primero.
No es la primera vez que ocurre un hecho de este tipo. México tiene una de las tazas de asesinatos de periodistas más altas del mundo y está denunciado por innumerables organismos de Derechos Humanos y de defensa del periodismo. Sin llegar al extremo de la desaparición física, todos los días hay periodistas que son despedidos de los medios de comunicación donde prestan sus servicios sin que medie una explicación lógica o al menos una razón legal válida, simplemente es la voluntad de los patrones, de los directores o de los productores. En la mayor parte de los casos no existe un contrato que les permita defender sus derechos. Es preciso señalar que la locución es una de las profesiones más despreciadas, aunque la más importante de cualquier programación radiofónica o televisiva, y en consecuencia al no existir un tabulador la inmensa mayoría de los personajes que usted escucha en el cuadrante ganan una cantidad ridícula en comparación con la responsabilidad que les corresponde asumir.
Mientras salen del aire programas como el de Aristegui, proliferan en igual proporción los programas religiosos y de charlatanes que enganchan a los escuchas para que se afilien a sectas, o para vender velas de la buena suerte.
La “increíble” versión de Televisa
Pero regresando al tema de la señora Aristegui, la extraña versión de Televisa Radio, es que tras un año de conversaciones no hubo posibilidad de un acuerdo entre ambas partes para incorporar a la periodista a su “modelo de trabajo” basado en el “derecho a la información plural”. Luego, la propia empresa se contradice cuando señala que el modelo de organización y trabajo que implementa en W radio es el mismo que funciona en 10 países de habla hispana donde profesionales de la categoría de Darío Arizmendi y Julio Sánchez Cristo en Colombia, Iñaki Gabilondo y Carles Francino en España, el uruguayo Víctor Hugo Morales en Argentina y Max Aub en Estados Unidos, trabajan con absoluta libertad.
Primero dicen que no hubo acuerdo con trabajar con base al “derecho a la información plural”, y después ejemplifica con otros que trabajan en completa libertad. En fin, un triste eufemismo para decir que lo que en realidad pasó, es que la señora no aceptó sujetarse a la línea editorial del medio.Por lo pronto la Comisión Especial de Seguimiento a las Agresiones a Periodistas y Medios de Comunicación de la Cámara de Diputados, invitó a la señora Aristegui a acudir a esa instancia con el fin de analizar su caso y discernir si se atentó contra sus derechos y libertades en su salida de W Radio. Creo que muy poco podrán hacer los señores representantes populares porque no tienen facultades legales para revertir la decisión o para obligar a la empresa a modificar su actitud, pero es importante que la señora Aristegui de su versión porque con ello se le dará mayor importancia e este tipo de circunstancias que enfrentan todos los que de una u otra manera vierten opiniones en la radio. De proliferar este tipo de actitudes de parte de los empresarios, muchos de los que escribimos y hacemos radio estaremos en riesgo de padecer lo mismo. Lo único que nos queda esperar es que este caso no sea el inicio de una “cacería de brujas”.
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