Por Emiliano Urondo (Cataluña Republicana) y Javier Amorín
La Justicia española comenzó el miércoles 15 de Enero el juicio a un argentino acusado de dejar en coma permanente a un guardia urbano. El joven se declaró inocente. La familia dice que es una causa armada por discriminación. Organismos de DD.HH. y el cónsul argentino y chileno, “observadores” de un juicio parcial y racista.
El calvario de Juan comenzó temprano. No sabía lo que su curiosidad de joven le traería aparejada: 2 años de cautiverio y posibles 14 años de cárcel. Se olvidó, por un instante que era “sudaca”. El joven regresaba de otra fiesta con unos amigos e iba camino a tomar el subte, en la estación Arc del Triomf, cercana al lugar donde se hacía la fiesta. Oyó música a lo lejos y se interesó, pero al llegar se encontró con un violento enfrentamiento entre la policía municipal y los asistentes a una “fiesta clandestina”, habituales en Barcelona y toda Europa. Pero una pedrada o una maceta que fue a dar al cráneo de un agente del orden cambiaría su vida y lo haría comparecer ante los “Tribunales de Inquisición” de España
Juan Pintos Garrido, es un argentino nacido en Buenos Aires. Fue detenido en Barcelona en febrero de 2006, acusado de participar de la agresión a un guardia urbano, en medio de una “razzia” ilegal de la policía contra asistentes a una fiesta clandestina en un teatro anarquista. El guardia urbano permanece en coma desde entonces. El joven, sin razón alguna y junto, curiosamente a un chileno, son los únicos acusados de la muerte cerebral del policía que habría recibido una pedrada desde uno de los balcones del comité anarquista. Lo extraño es que ambos sudamericanos (“sudacas”, como se dice en España), se encontraban en la calle, por lo que les fue imposible arrojar un objeto desde un balcón.
Pero esto no fue óbice para que la “Justicia Española” no diera lugar a los peritajes y se quedaran con la teoría de que el agente del orden recibió frontalmente el impacto. Una nueva pericia demostraría que el primer impacto fue en la nuca, arrojado desde arriba y la segunda contusión se produjo cuando el infortunado choca su cara contra el asfalto. Esto fue comprobado y desechado por la Fiscalía cuando se comprobó que existía un video que ubicaba al argentino y al chileno en las calles. Juan Pintos Garrido reafirmó su inocencia ayer., en el comienzo del juicio a nueve imputados por el gigantesco choque entre la Guardia Urbana barcelonesa y los jóvenes. Todos los jóvenes catalanes se declararon “inocentes” y coincidieron en que “la Guardia pegó y detuvo indiscriminadamente”. Pintos aseguró que él no estaba en el local y que pasó por la puerta cuando se iniciaba la reyerta, y sostuvo que tampoco instó a dos jóvenes chilenos a apedrear al policía, como figura en la acusación. De hecho, los tres sudamericanos desmintieron haber participado del apedreo y reafirmaron que la agresión provino “desde adentro del local”. La familia Pintos Garrido ya había denunciado en repetidas ocasiones que se trata de una “causa armada por discriminación”, que bajo el delito de “agresión agravada a la autoridad” podría traducirse en hasta doce años de prisión para Juan. Por ello, la defensa convocó a once observadores para el juicio, entre los que se cuentan la madre de Plaza de Mayo-Línea Fundadora Nora Cortiñas, el cónsul de Argentina en Barcelona, el cónsul chileno, catedráticos y legistas europeos. 
“El hecho de que Nora se haya trasladado hasta aquí da una idea de la importancia internacional que tendrá este juicio, ya que las Madres son reconocidas mundialmente en su lucha de 30 años por verdad y justicia”, afirmó en diálogo exclusivo desde Barcelona con Nuevo Periodismo Argentino (NPA), María Inés Garrido, la madre de Juan, que hoy tiene 24 años y lleva dos preso. Garrido dijo estar “conforme con que por primera vez los medios de Barcelona trataran el caso, en especial porque cuestionaron la versión de la Fiscalía, que indica que Juan no sólo participó, no sólo le tiró al policía, sino que incitó a los demás a apedrear al policía”.
Ese “cuestionamiento” radica en que los medios españoles recuperaron declaraciones del ex alcalde de Barcelona y actual ministro de Industria de España, Joan Clos, dadas a pocas horas del hecho en el que se detuvo a Pintos. En la rueda de prensa afirmó que las lesiones del guardia urbano –policía municipal que porta arma– se produjeron porque “le cayó una maceta en la cabeza”, según declaró oficialmente. Estos dichos son más que importantes ya que ni Juan, ni sus amigos subieron jamás al edificio “okupado”. “Nunca nos aceptaron incluir a Clos, con el pueril argumento de que ‘no fue testigo’. Alguien le indicó, por ser alcalde, cómo había sucedido todo, y el salió a decir que había sido una maceta lo que golpeó al guardia. Esa prueba nunca nos la tomaron”, se quejó Inés Garrido ante este diario.
De rutina
El 3 de febrero de 2006, la Guardia Urbana precintó un ex teatro del ayuntamiento, devenido en “Anarko Penya Cultural”, un lugar recuperado por los anarquistas para difundir las ideas y realizar fiestas juveniles, por varias denuncias de vecinos por ruidos y otras molestias ocasionadas por quienes ocupaban el edificio. Pero esa misma noche se realizaría una de las habituales “fiestas clandestinas”, algo normal en una Barcelona que tiene una frondosa escena “parakultural, okupa y klandestina”, que es de conocimiento público. La gente comenzó a entrar tranquila, más allá de que, en los alrededores del local de la calle Sant Pere Més Baix al 55, había cuatro guardias urbanos. Algo de “rutina”
Pero pasadas las horas y a raíz del clásico “no entra nadie más”, la Guardia Civil comenzó a dar rienda suelta a las cachiporras, por su propia cuenta. Los guardias urbanos forcejeaban con una veintena de jóvenes que querían entrar a la fiesta cuando, según Inés Garrido y el entonces alcalde Clos, una maceta arrojada desde dentro del local golpeó al guardia en la cabeza, que cayó contra el piso y desde entonces está en coma.
En el momento inadecuado, en el lugar inadecuado y con nacionalidad inadecuada
Ayer, los tres sudamericanos sostuvieron que llegaron a los disturbios “sin querer” y que trataron de huir porque “la policía estaba desmedida”, algo que hasta atestiguaron vecinos, que no están precisamente alegres de la presencia de los jóvenes “ocupas”. Sin embargo, al argentino, se lo acusa de “dirigir una agitación de entre 20 y 30 personas y apedrear” al efectivo malherido, que desde entonces tiene una invalidez permanente, y a otros tres heridos leves. Frente a la acusación de la fiscal, Juan y los chilenos Rodrigo L. y Alex C. contaron cómo fueron reprimidos mientras no hacían “nada salvo huir”. A Rodrigo lo habría golpeado un guardia, al momento de preguntarle a otro efectivo de seguridad, qué era lo que pasaba. A Alex lo habría alcanzado un macanazo en la pelvis. Juan, cayó en medio del alboroto, mientras le asestaban patadas en la cabeza, lo que explica la fractura de sus muñecas, cuando intentaba cubrirse de los golpes.
De esa forma, discutieron las acusaciones de la familia del policía que está en coma, que solicita once años de prisión efectiva para los nueve acusados, y del Ayuntamiento y los otros efectivos con heridas menores, que piden elevar a doce años la condena para Juan, Alex y Rodrigo y dictar prisión de entre tres y cinco años para los otros seis acusados. Cuatro de ellos, que estaban en la fiesta, dijeron no haber visto objetos lanzados desde dentro ni afuera de la casa contra los policías, pero sí que éstos reprimían. Los otros dos aseguraron que ni siquiera estuvieron cerca de la calle Sant Pere més Baix, sino que fueron detenidos en el Hospital del Mar de Barcelona, donde fueron trasladados luego de un accidente en bicicleta. No obstante, policías que habían ido allí a llevar heridos los detuvieron porque, según argumentaron, los reconocieron como partícipes de la fiesta. Los seis, todos europeos, fueron dejados en libertad esa misma noche.
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