lunes, 7 de enero de 2008

VIOLENCIA Y JUVENTUD

Las situaciones que deben enfrentar los jóvenes y adolescentes son sólo pequeñas descargas de una sociedad que los ahoga. El desentendimiento de los adultos y las nulas elecciones “productivas”, se llevan sus vidas de a poco, cuando no acaban con la de sus pares en un rapto de furia. ¿Criminales menores de edad o víctimas criminalizadas?

Por: Bárbara Corneli

La sangre de tus hijos llena nuestra nevera
¿Quién es el culpable de tu exterminación?
Ska-P . “Planeta Eskoria”
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astigos físicos, abusos de todo tipo, exclusión, segregación; violencia por acción u omisión de la cual los jóvenes son víctimas. En los últimos años, sin embargo, se ha definido al victimario dentro del mismo rango etario. ¿El niño, el adolescente, es entonces víctima o victimario?, y algo fundamental, ¿es la edad un buen indicador?
Antes de que el joven sea protagonista de una situación violenta, ocurren una serie de pasos previsibles y evitables. Una persona se inserta a su entorno familiar y luego a su grupo social mediante la educación y la experiencia. No se llega a los 15 años sin un golpe y menos en nuestros países.
Los primeros pasos del adolescente, lejos del tanteo bamboleante de los infantes, son, sin embargo, igual de inestables. Son pasos que se alejan de los padres, que buscan diferenciarse de la familia, pero sin tener ninguna identificación positiva. Son años en los que el camino elegido marca. Y marca a fuego.
El gusto musical es una de las aristas que, en los jóvenes, define personalidad y pertenencia, cuestiones ambas que determinan también la exclusión o la violencia. La declaración, por parte de la legislatura de la ciudad autónoma de Buenos Aires, del día 19 de abril como el "Día contra la violencia institucional hacia los jóvenes” fue justamente en base a un hecho de violencia en estrecha relación con el ámbito musical. Un joven, Walter Bulacio, fue arrestado y asesinado por las fuerzas de seguridad, en la previa de un recital de los Redonditos de Ricota, banda que arrastraba violentos antecedentes en sus conciertos. Su líder, el “Indio” Solari, declaró luego: “Creo que hay una dosis de hipocresía muy grande en adjudicarle a una banda de rock o a un equipo de fútbol un planteo social que es mucho más grave”.


“Tiro al pichón”
Una de las violencias fundamentales, para entender a la argentina como una sociedad violenta, es la que proviene de las instituciones. Raquel Witis lo sabe: su hijo, Mariano, fue asesinado por un agente policial que le disparó sin reparos a él y al joven que lo tenía de rehén, matando a ambos. Lo bochornoso fue que la Justicia consideró a Mariano como la única víctima. “El otro” no sólo ejecutaba el delito, sino que estaba detrás de la cerca que divide la sociedad e invalida los derechos, no importaba que hubiera intentado rendirse desarmado: fue fusilado como si de escoria se tratara. La tez oscura, la condición socio-económica, todo lo que hacía de Darío Riquelme un “pibe chorro”, fue y es tomado como licencia para matar. El policía que no pudo detener su impulso frente al gatillo fue condenado por el crimen a Witis y absuelto por la muerte de Riquelme.


La categorización que impera sobre los jóvenes y que es también responsabilidad de los adultos, es un ingrediente primordial en las escenas violentas que se viven en el país y en el mundo. Se ve la vulnerabilidad de la adolescencia cuando se trata de víctimas de determinado status y se sobrecarga de responsabilidades al joven que ejerce la violencia, sobre todo si éste es realmente indefenso en su condición social.
Si acaso un grupo de chicos olvida que las zapatillas que usa no son las que rige la moda y que su color de piel es unos tonos más oscuro al del resto, y decide, por encima de todo, salir a bailar al boliche de moda, por la razón que sea, el dedo acusador se vuelve a hacer sentir. Los patovicas son actores y no precisamente de reparto, en la violencia a que se enfrentan los jóvenes en ámbitos que deberían caracterizarse por la diversión.
Martín Castellucci murió cuatro días después de ser brutalmente golpeado por los patovicas de La Casona de Lanús, al defender a un amigo que no entraba en el modelo que los dueños del boliche querían para adornar su interior. Su padre, Oscar, dio a su desgracia dimensiones sociales y se cargó al hombro la tarea de que a otros chicos no les pase lo que a Martín. En este punto Raquel Witis comparte análoga opinión con Castellucci al librar de toda acusación a los jóvenes. Ambos creen que la situación violenta a que se enfrenta la juventud, en la sociedad actual, es absoluta responsabilidad de quienes tienen una capacidad real de modificar el estado de situación, los adultos.
“Mierda en mi jardín”
Frente a un hijo muerto ¿Cuántas son las opciones? ¿cuántas las reacciones? ¿qué es lo correcto? Juan Carlos Blumberg también perdió a su hijo en una situación violenta. El secuestro y muerte de su hijo Axel lo llevó hacia una cruzada de dimensiones sociales, como la encarada por Oscar. Sólo que con caminos de muy distintos horizontes. La forma de proteger a los más jóvenes por la que optó Blumberg, fue la de luchar por que se implementasen penas más duras, disponibles también para delincuentes menores de edad. Su hijo joven y sus asesinos jóvenes, víctima y victimarios tenían, más allá de todo, una diferencia estructural. La educación y la condición socio-económica de Axel no aparecían ni en los sueños de aquellos que, como otros tantos duermen en las casillas de una villa miseria.
Pero la peor violencia es la más subliminal, como la propaganda, que tiene como objetivo a esta franja eraria. Las peleas sin sentido entre jóvenes de clases medias y altas, son un ejemplo. Esos sectores sociales que a muchos ojos parecen inmunes, han perdido varias capas de maquillaje y demostraron ser idénticamente vulnerables a las situaciones violentas. ¿Es la edad, entonces, definitivamente, el eje de tanta agresividad?
Corriendo a la deriva
Según datos estadísticos publicados por el sitio causapopular.com.ar, en la provincia de Buenos Aires, considerada el área más insegura, no estudian ni trabajan más de 450 mil jóvenes de 15 a 24 años; en todo el país unos 70 mil menores de edad viven en reformatorios y la mayor parte de la población carcelaria está compuesta por pobres y jóvenes.
La violencia de la sociedad no se mide en muertos. No se suma ni se resta, oprime. La sociedad es violenta desde el momento en que está compuesta por cifras alarmantes de personas viviendo bajo el índice de pobreza, peleando con el propio vacío en el estómago, antes de enfrentar las injusticias que los someten.
Las clases más altas tienen, quizá, problemas más banales, lo que no las excluye de la realidad. Las piñas entonces vuelan gratis, como una descarga para una realidad vacía, sin ideales, ni posibilidades ciertas de progreso.
Drogas y alcohol. Coctel de autodestrucción

La división por edad se vuelve, entonces, más justa. La sociedad toda, sea cual fuere el grosor de sus bolsillos, o la profundidad del agujero en ellos, no integra a sus jóvenes. La proyección hacia un futuro rara vez es clara, cuando existe; rara vez es posible, en realidad. La educación dentro y fuera de las puertas del hogar (si es que puede llamarse así, en la mayoría de los casos), queda desencajada frente a un sujeto que, en una edad crucial, corre y gira como “bola sin manija”.
La adolescencia es tierra fértil para agrandar traumas o marginaciones. No es raro que la ingesta de alcohol, drogas y toda sustancia que sustraiga las mentes a otro plano, esté de moda, así como pelear por calidad de ropa o “portación de cara”.
Los jóvenes son el futuro, frase que carga toneladas de responsabilidad sobre espaldas que no recibieron herramientas. Entonces surge una pregunta fuerte: ¿Cuáles son las armas que prefiere nuestra sociedad dar a sus jóvenes para que empuñen?

2 comentarios:

Anónimo dijo...

las armas son las mismas siempre, joven amigo.
esfuerzo personal y eleccion de amigos adecuada a fines .
en todas las generaciones fue igual.
y el que no...termina mal.
así de simple

Anónimo dijo...

Estimado amigo que escribió el correo anterior. Quería saber, si usted no sería el Sr. que se hace llamar "Tarámbano" en los blogs de Clarín. Una simple curiosidad por el estilo narrativo.