Por María Jazmín Álvarez
(alumna del taller de Redacción y Periodismo)
El adolescente y jóven se siente incomprendido y postergado por sus semejantes. Este es un hecho de la vida. Pero nunca como en la actualidad se ha visto una generación entera de jóvenes sin proyecto alguno, ni próximo, ni futuro.
Los jóvenes, adolescentes de hoy, se enfrentan sin herramientas de pensamiento crítico a una sociedad que les ofrece de todo y los tiene como target principal en sus campañas publicitarias. Pero difícilmente alcancen a comprar los plasmas, el auto en cuotas o confiar en los créditos bancarios. Los trabajos a los que pueden acceder son de poca paga como los de empleado de call center o de comidas rápidas, y no les ofrecen estabilidad. ¿Porqué le pedimos a los jóvenes que no sean tan cínicos, descreídos, que lean, que tengan ideales, que formen familia, que dejen la adolescencia atrás y se hagan adultos, que tengan hijos?. ¿Los adultos somos realistas?. Evidentemente no. Nunca una generación estuvo tan expuesta a la satisfacción y estimulación constante, que los expone a todo tipo de experiencias nefastas. La sobreabundancia de información “chatarra” y la gran proliferación de medios y canales, reemplazaron a la familia y al colegio como formadores de conciencia, crecimiento y educación de esta generación.
Como una consecuencia fatal de esta `falta de parámetros´, de valores y una total ausencia de ejemplos sanos que los eduquen y animen, los jóvenes conviven diariamente con la violencia. La marginación y la indiferencia de una parte considerable de la sociedad los ubica, en una posición de inmenso peligro. Menores que se fugan de su casa, menores que están fuera de los sistemas educativos, que no tienen perspectivas de trabajo, que no tienen escolaridad, que no tienen capacitación laboral, que no tienen expectativas o perspectivas, tienen un índice sin precedente y en constante auemento.
La Asociación Antidrogas de la República Argentina (AARA) especificó en un estudio, que diez adolescentes son hospitalizados por día en el país tras mezclar alcohol con estupefacientes, advirtiendo también que los jóvenes inician el consumo de drogas `en los baños de las escuelas´.
La adolescencia constituye la etapa de la vida en la que las personas nos encontramos más vulnerables, por la cantidad de cambios que se suceden rápidamente. Sin contención emocional, social y de desarrollo intelectual; es muy difícil que los adolescentes no se vean arrastrados hacia las drogas. Habría que preguntarse que ejemplos le hemos estado dando cada familia y la sociedad a estos jóvenes desde los años 90´.
Una encuesta a 1688 estudiantes secundarios, de entre 16 y 23 años, de escuelas de la provincia de Bueno Aires sobre adicciones efectuada por la Subsecretaría de Atención a las Adicciones (SADA), dependiente del Ministerio de Salud, reveló que casi el 40% dijo tener escasa información sobre los riesgos del consumo de "paco", en tanto que más del 51% afirmó no conocerlo. Asimismo, el mencionado estudio puso de relieve la "presión social", como la principal causa del inicio del consumo de alcohol entre los adolescentes.
El uso de estupefacientes entre los jóvenes es también cada vez mayor y considerado ya un serio problema que preocupa a las autoridades sanitarias. No sólo hay una gran desinformación sobre el tema de las drogas por parte de los jóvenes e incluso de los mayores, quienes deberían informarse y comprometerse más, sino que no existe una política efectiva y concluyente por parte del Estado para paliar esta situación. Existen variados motivos socio-culturales-familiares que intervienen en la entrada a las drogas, pero no es menos cierto que la información oportuna es un tópico fundamental a la hora de prevenirla.
Otro tema que preocupa es el del sexo prematuro. Allí también intervienen factores de desconocimiento graves y una total falta de comunicación por parte de los padres. El Estado, a través de su ministro de salud, Jinés González García, trabajó mucho sobre la prevención del embarazo adolescente, pero chocó con los sectores más reaccionarios de la Iglesia Católica y los comunicadores más conservadores, que hicieron una gran campaña en su contra e incluso un hombre de la Iglesia, lo amenazó veladamente de muerte. Todo a favor de la vida y en contra del uso de preservativos.
Sin embargo, la representante del Fondo de Población de la ONU (UNFPA), María del Carmen Feijoo, advirtió que el índice de embarazo adolescente va en aumento en la Argentina y que la educación sexual que se está impartiendo en las escuelas es una de las principales herramientas para lograr que disminuya.
El índice de nacimientos en menores de 19 años - uno de cada seis partos anuales en Argentina— es mayor entre seis y diez veces a los registrados en España, Italia, Francia, Alemania y Canadá. En América Latina, sin embargo, es inferior a los porcentajes de Brasil, Paraguay y Venezuela.
La difícil situación de las "niñas madres" se enmarca en un contexto mundial. Actualmente atravesamos la era de mayor cantidad de jóvenes en la historia de la humanidad. Según el UNFPA "dado que casi la mitad de la población mundial —unos 3.000 millones— son personas menores de 25 años, la actual generación de jóvenes es la mayor de la historia. De ellos, un 85% vive en países pobres y los países más pobres son los que tienen más altos porcentajes de jóvenes. Entre estos últimos, más de 500 millones de jóvenes viven con menos de 2 dólares diarios".
El delito adolescente es también un tema de discusión permanente, de portadas de diarios, de graves comentarios de informadores preocupados y de `amarillistas de mano dura´. Según las estadísticas oficiales, cada vez hay más adolescentes que cometen crímenes. Desde el 1° de enero hasta el 31 de agosto pasados fueron aprehendidos 74 chicos por día, es decir, tres por hora. Las estadísticas del Ministerio de Seguridad también marcan un sostenido aumento en la participación de menores en delitos: en 2004 hubo 26.089 menores detenidos, un promedio de 71 por día; en 2005, 27.072 (74 por día), y en 2006, 29.333 (80 cada 24 horas).
Estos números son sólo estadística, que no llega a medir sufrimiento y padecimiento. Más allá de su `independencia´ y supuesta autonomía, debemos analizar hasta donde han de llegar y cuánto van a poder soportar el ritmo tan vertiginoso de vida que llevan.
La falta de conciencia de si mismos y el afán de poseer todo en este instante y ahora, tan común en estas épocas, resulta considerablemente peligroso si tenemos en cuenta la falta de contención que la mayoría de ellos de ellos sufre, sin distinción de clases sociales. El acceso indiscriminado a todo tipo de estímulos crea un contexto desfavorable para su desarrollo y educación. La ausencia de políticas claras y programas nacionales consistentes que fomenten espacios propicios para el desarrollo, constituye uno de los principales baches a paliar. Algo que no puede ser pasado por alto, pues ellos son el futuro de nuestro país. Es función del Estado promover lineamientos que supongan la puesta en marcha de acciones concretas para revertir esta situación. Pero también es función de los padres tratar de entender las nuevas realidades, informarse y poder hablar con sus hijos. Los jóvenes son nuestro presente y la promesa de un futuro mejor. De nosotros, como sociedad, depende su bienestar y formación. No necesitan ser estigmatizados. Solo necesitan ser escuchados.
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